Yo te diría que probablemente es una forma de expresión tan profunda como la obra de un artista o un libro.
La moda es performática.
Es una forma de crear si se quiere diaria. Una manera de expresar creatividad, amor propio y libertad. También diría que es una forma perfecta de sentirse vivo y de transformar la monotonía. Cuando combinamos colores, cuando decidimos las formas y cortes que deseamos para un traje allí estamos creando, igual como si estuviéramos dibujando. Por ende, la moda no es superficial.
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Pero hay que reconocer una paradoja inquietante:
Es precisamente lo que aparenta ser superficial lo que le otorga a la moda su poder transformador más radical. La moda habita en la superficie de las cosas, sí, pero como habita el agua en la superficie del océano – conteniendo en esa delgada membrana toda la fuerza de las corrientes profundas que se mueven debajo.
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La superficialidad de la moda viene de seguir tendencias para encajar donde no encajas…
Para unirte en donde no te quieren, en llamar la atención donde no quieren verte. Allí está la superficialidad de la moda. Es cuando traicionamos nuestra propia esencia por una aprobación externa que nunca llegará verdaderamente, cuando convertimos nuestro cuerpo en un lienzo ajeno en lugar de en nuestro propio manifiesto.
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Sin embargo, existe una moda auténtica que desafía esta lógica del conformismo.
Una moda que no busca esconder sino revelar, que no pretende homogeneizar sino singularizar. Esta moda verdadera es un acto de resistencia silenciosa contra la uniformidad, un susurro que se vuelve grito sin levantar la voz. Es la diferencia entre vestirse para otros y vestirse desde uno mismo.
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La moda superficial consume; la moda profunda crea.
La primera nos devora en la ansiedad de la pertenencia; la segunda nos libera. Una nos vuelve invisibles en la multitud; la otra nos hace únicos en cualquier espacio que habitemos.
¿Acaso no es profundamente humano este impulso de transformar lo cotidiano, de convertir el simple acto de vestirse en una declaración propia de autenticidad? La moda, en su forma más elevada, es filosofía aplicada: cada elección de tela, cada combinación de texturas, cada decisión cromática es una pequeña tesis sobre quiénes somos y quiénes aspiramos a ser.
Las tendencias pasan y siguen el paso del tiempo. El estilo es eterno.