Este artículo se lo dedico a todos aquellos que, como yo, hemos caído en la trampa de vivir para los demás. A quienes hemos comprado, actuado y fingido solo para que otros lo vean.
Y sí, yo también he sido una de esas personas que ha vivido más pendiente de lo que otros pensarán que de lo que realmente siento o necesito.
Esta obsesión por la validación externa que no se la deseo a nadie, pero que paradójicamente todos hemos experimentado en algún momento. Es una experiencia que solo puede ser entendida por aquellos que hemos sentido el peso asfixiante de construir una vida para el público, no para nosotros mismos.
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¿Y tú? ¿Vives para ti o para que todos lo vean?
Cada historia que subimos, cada compra que hacemos, cada relación que elegimos… ¿Es realmente para nosotros o para el público que nos observa desde sus pantallas?
En mi caso, solo puedo decir que durante años viví representando un papel que ni siquiera había elegido conscientemente. Me acostumbre en algun momento a que no podia salir sin maquillaje porque entonces me veria fea y no tendria la imagen que deseaba demostrar. Solo queria demostrar que nada estaba imperfecto en mi vida, pero en realidad cuantas grietas terminaba creando…
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¿Dónde comenzó esta farsa?
No podría señalar exactamente cuándo comenzó todo, pero tengo grabado el momento en que fui rechazada por primera vez por mi apariencia, por mi cabello y por cómo lucía mi cara. Siempre había comentarios sobre lo fea que era, por ende fue allí donde comencé a investigar por qué otros me rechazaban y qué tenía mi cuerpo tan diferente que hacía que todos estuvieran detrás de mí diciéndome lo mal que me veía.
Luego, después de reflexionar, me di cuenta de que con un poco de dinero y haciendo ciertos ritos cosméticos podía verme bien y evitar ser rechazada por los demás. Allí fue cuando comencé con la obsesión de que no podía salir sin maquillaje, porque mi rostro no era algo digno de mostrar al público. Ahí fue donde comenzó mi problema de apariencia, y donde empecé a hacer miles de cosas para esconder una parte de mí que me aterraba mostrar a los otros. Los demás solo podían ver ese porcentaje de mí que yo podía pintar y diseñar a mi medida.
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La corona invisible que todos queremos llevar
Durante años, cada decisión importante pasaba por el mismo filtro: «¿Cómo se verá esto en mi?» «¿Qué pensarán los demás?» «¿Me hará parecer exitosa, amada, interesante?»
Recuerdo haber tomado muchas desiciones en cuanto a mi aspecto solamente para encajar, y terminaba siendo rechazada de igual manera. Salia con personas que no me agradaban y que claramente yo tampoco les agradaba, solo para aparentar una amistad que nunca existió.
Pero en la intimidad, cuando se apagaban las cámaras y se cerraban las aplicaciones, me sentía vacía. Porque estaba actuando en una obra donde ni siquiera conocía el guión, solo sabía que debía mantener la sonrisa.
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El anillo
Solo basta con meterse un momento en redes sociales para darte cuenta de que mucha gente pasa el día publicando cuánto la aman, cuán exitosa es, cuán bien le va. El problema sin duda no es la publicación, el problema es cuando haces todo esto solo para aparentar y que, en el peor de los casos, es completamente falso.
Hace muchos años atrás tuve una relación tóxica con una amiga que estaba obsesionada con que le regalaran un anillo donde con ese detalle pudiese expresar la importancia de su amor y compromiso con su pareja. Mi amiga estuvo presionando a su novio de aquel entonces – mucho – para que le diera el anillo, pero como nunca consiguió que él le diera ese detalle, ella misma decidió comprarlo solo para mostrar en redes sociales cuánto su novio la quería – supuestamente -. La sorpresa llegó cuando su novio, en comentarios de Facebook, reveló que él nunca le había comprado ese anillo.
Entonces, ¿Cuánto somos capaces de hacer solo para que otros lo vean?
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La audiencia invisible que dirige nuestras vidas
Lo más perturbador de vivir para que todos lo vean es que eventualmente esa audiencia se vuelve tu propio jurado interno. Incluso cuando no estás grabando, sigues actuando. Incluso cuando nadie está mirando, sigues midiendo si lo que estás haciendo es «digno de compartir».
Dejé de disfrutar salidas con amigos porque tenia mucho miedo de ser yo misma. Me volví curadora de mi propia existencia, editando los momentos reales para convertirlos en momentos «perfectos».
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El costo de la corona
Después de años viviendo de las apariencias, decidi comenzar un proceso de terapia porque me sentia demasiado abrumada con el hecho de evitar que hablaran de mi. Descubri que hiciera lo que hiciera igual pasaria. Mi soberbia no me permitia ver mas alla y sentia que todo el mundo estaba exactamente pendiente de todo lo que yo hacia o dejaba de hacer. Y bueno solo puedo decir que una frase comenzo a tomar relevancia para mi ¨Todos te miran¨.
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La corona que se cae
Hoy, después de muchas batallas internas, generalmente logro distinguir entre lo que quiero para mí y lo que quiero que otros vean que tengo. Pero hay días en que aquella persona que vivía para los demás vuelve a aparecer como un fantasma de mi pasado.
¿Es algo negativo? Creo que no. Es simplemente el recuerdo de quien fui y una verdad que he aprendido a golpe de decepciones: nadie encuentra la felicidad real viviendo para una audiencia invisible. La vida auténtica, la que realmente vale la pena, sucede en los momentos que nunca subimos, con las personas que nos aman sin cámaras de por medio, haciendo cosas que tal vez sean cotidianas pero que llenan el alma de una paz que ningún like podrá jamás reemplazar.
El día que empecé a salir sin maquillaje descubrí que: «Nunca había sido tan importante como yo pensaba». Cada persona está inmersa en su propio mundo de preocupaciones, y la gente solo está pendiente de lo que realmente le interesa. Ese pequeño grano que apareció en tu frente, ese peinado que no quedó perfecto, ese rostro sin los filtros habituales… todo eso carece totalmente de importancia en el gran esquema de las cosas. La corona imaginaria que tanto me pesaba simplemente se cayó, y con ella, la prisión que yo misma había construido.
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¿Y tú? ¿Vives para ti o para que todos lo vean?
La pregunta no es si vivir para los demas o para ti. La pregunta es si todavía sabes quién eres cuando nadie está mirando. Si todavía puedes disfrutar un momento donde solo eres tu sin más. Si todavía puedes tomar decisiones basadas en lo que realmente quieres, no en lo que se verá mejor para tu audiencia.
Porque al final, la vida real sucede en la cotidianidad y no detrás de una mascara.
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