1. La sabiduría popular que nos «protege» de brillar
«Vestirse bien es solo para ocasiones especiales». ¡Qué frase tan sabia! ¿Verdad? Porque claro, ¿Quién necesita sentirse bien consigo misma todos los días? Sería demasiado egoísta.
¿Cuántas veces has escuchado esta perla de sabiduría? ¿Cuántas veces te la has repetido religiosamente? Esta creencia tan «sensata» nos ha hecho el favor de robarnos años de sentirnos bien con nosotras mismas. Porque expresar nuestra personalidad a través de la ropa que amamos sería… bueno, demasiado.
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2. El arte de la decepción
Un día, en un arranque de rebeldía, mandé a hacer un vestido con unas amigas que saben cocer muy bien. Lo había diseñado desde cero con todo mi cariño. Como sé dibujar, me encantaba en el papel y pensé: «¡Por fin! Ya que puedo mandar a hacer ropa a la medida por fin voy a vestirme como me gusta y bueno…».
Cuando el vestido estuvo listo y me lo medí, la realidad me golpeó como debía ser: me sentí decepcionada. No me parecía a la muñeca perfecta que había dibujado. La incomodidad era evidente, los espectadores me miraron extraño. «Me veo ridícula», me dije. Y tenía razón, ¿no? Después de todo, intentar ser yo misma solo podia convertirme en una burla. El que nace feo, asi debe quedarse, obviamente no…
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3. La paranoia
Por supuesto que todos me miraban. En esta ciudad donde todos visten deportivo, ¿Qué andaba yo haciendo con vestidos que parecen de la época victoriana? Obviamente me veía extraña. En mi mente todos se reían de lo horrible que me veía, y yo tenía razón en preocuparme.
Porque claro, vestirme como quería era definitivamente un problema. Los looks completos eran solo para fiestas (a las que casi nunca iba, obviamente). Cuando llegaba la soñada ocasión especial, terminaba fatal porque nunca estaba preparada. Nunca tenia nada que ponerme. Pero eso es lo normal, ¿verdad? El zapato de goma y la franela tipo Adam Sandler es lo que le luce a todos los que no somos influencers con millones de seguidores en instagram.
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4. La noble virtud de guardar lo mejor
Era una compradora compulsiva, pero al menos tenía mis prioridades claras. La ropa bonita que me quedaba bien y me hacía ver bella la guardaba cuidadosamente para esas ocasiones especiales, que sin duda se presentarian en algun momento, cierto.. si llegarian o no… No fuera a ser que destacara mucho y la gente me mirara raro. ¡Qué desubicada sería!
Siempre pensando en el otro (como debe ser), nunca pensando en mí (sería muy egoísta). Siempre asumiendo que me veía fea y ridícula. Los demás me excluirían, naturalmente.
Entonces llegó el momento dorado: ¡Por fin una ocasión especial! Saqué mi vestido rojo favorito y… ¡sorpresa! Estaba lleno de manchas de humedad. No me lo había puesto ni una vez. El cierre se había salido, la tela tenía huecos. Directo a la basura. Pero bueno, al menos había sido «responsable» guardándolo. De seguir asi es posible que hubiera terminado como mi abuela con toda su ropa usandola otros, cortada o en tiendas de segunda mano. Pero eso si, habria evitado la burla…jaja.
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5. El día que molesté a todos elegiendome
Después de eso, en un momento de total irresponsabilidad, decidí hacer dos vestidos y… ¡horror! Me los puse para ir a la universidad. Todo el mundo me miró (como era de esperarse). Me sentí rara, pero también… liberada. Qué contradicción no? Por qué me sentia tan bien usando algo que me gustaba a pesar de las miradas, seria porque me sentia YO.
Mis compañeras empezaron a hablar cuando llegaba. Más tarde me enteré de que me decían «la payasa». ¡Tenían razón! Pero curiosamente, prefiero haber sido una payasa y saber lo que sé ahora.
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6. La revelación
Resulta que estoy llegando a una conclusión muy peligrosa: debo ponerme lo que me guste cuando yo quiera. Debo considerar mi entorno, sí, pero mi estilo tiene que expresarme a mí, no a los demás. ¡Resulta que elegirme a mi misma incomoda a otros pero hace que me sienta feliz, que extraño no…
No se trata de consumismo extremo, sino de reconocer esa pieza de ropa como parte de ti, como algo fundamental para quien eres en este momento presente.
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Nunca olvides que elegirte es el inicio de tu felicidad y el principio de la desgracia de los otros. Por ello, siempre piensa en ellos primero.
Siempre todos te van a criticar, hagas lo que hagas. Pero a pesar de eso y de lo mal que te sientas, nunca te elijas primero. Ya que si lo haces y recuerdas que nadie es más importante que tú, y la ocasión especial es HOY. No mañana, no cuando tus amigos te inviten a una fiesta. Es cuando tú decidas que sea, entonces cometeras el error de haber elegido VIVIR.
¿Y cuéntame, qué se siente cuando la ocasión especial eres tú?